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Caimán de la Fuensanta

Está situado en un muro del Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta, donde es costumbre acudir al templo y ver su cuerpo disecado durante la celebración de la Velá de la Fuensanta.

LEYENDA

De la diversidad de leyendas que existen respecto al caimán, ninguna de ellas son ciertas. Pero la más extendida viene desde hace siglos, contándose de generación en generación, pero que jamás fue cierta, aunque a fuerza de repetirla y las propias huellas físicas que han dejado la leyenda parezca cierta y muchos nieguen a creer la verdad.

Esta leyenda cuenta que en una ocasión hubo una crecida del río Guadalquivir y la abundancia del agua trajo un temible caimán que llegó a sembrar el pánico a la ciudad. El animal acechaba a sus víctimas, las destrozaba y desaparecía en los cañaverales cercanos. Cuando tenía hambre volvía a actuar, hasta que un cojo decidió acabar con el problema.
El cojo estudió el comportamiento del caimán, lo acechó y lo esperó en un árbol con su muleta y un pan abogado. El pan despertó el hambre del animal que inmediatamente abrió la boca para engullirlo, momento que aprovechó el hombre para clavar el filo de su muleta en la garganta del caimán, que disecó y colocó como exvoto.

Es tan potente esta leyenda que en la ermita se conserva el supuesto bastón con el que lo hizo.

HISTORIA REAL

El caimán de la Fuensanta no lo mató un cojo. Probablemente lo hiciera un cordobés, sí, pero en América.

En el siglo XIX, Teodoro Ramírez de Arellano deja claro el verdadero origen del caimán de la Fuensanta: "el caimán fue traído de América junto a la costilla de una ballena, la concha o carapacho de una tortuga, una sierra del pez de este nombre y otras cuantas cosas remitidas como recuerdo por viajeros cordobeses", señala en un texto publicado en 1873.

Pese a este escrito, muchos aún se niegan a creerlo, asegurando que el caimán apareció por una subida del río hasta que lo mató un cojo. De hecho, el garrote se conserva en la ermita de la Fuensanta.
No obstante, un caimán jamás podría haber llegado vivo a Córdoba. Este animal (que está casi en peligro de extinción) vive en América, en concreto en regiones tropicales y subtropicales de América. De haber llegado a Córdoba por sus propios medios tendría que haber cruzado nada más ni nada menos que el Océano Atlántico.

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